Un solar de 43,00 m2 en un casco antiguo, cerrado por una fachada a medio caer y tres medianeras de piedra, es el lugar donde se hace caber una vivienda de fin de semana.
La calle a la que da frente es estrecha, por lo que se recorta la cubierta del edificio por la parte posterior, sobre el baño y el vestidor, para dejar entrar más luz y ventilación natural cruzada a toda la vivienda, que llegará hasta las plantas inferiores a través de la escalera. Ésta se sitúa estratégicamente para dicho propósito y se concibe a base de peldaños independientes colgados de unos montantes sujetados entre los forjados de las dos plantas, actuando a su vez de elemento separador entre la cocina y la sala de estar-comedor, a modo de filtro, sin cerrar los espacios.
El color blanco, la piedra de los muros preexistentes y la madera del pavimento confieren a la vivienda un ambiente cálido y agradable.